No es la primera vez que la viruela del mono aparece en el mapa mundial; de hecho, fue durante 1970, en la República Democrática del Congo, donde se detectó el primer caso de esta enfermedad en humanos. Es justo en esta zona donde han ocurrido principalmente brotes que han sido controlados.

De acuerdo con el profesor investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colima, Fabián Rojas Larios, el principal problema de los recientes casos de este virus es que cada vez hay más movilidad de personas de países donde la habían erradicado, a zonas donde esta enfermedad es endémica.

La viruela símica o viruela del mono, de fácil transmisión, es una zoonosis vírica (virus que se transmite de animales a humanos) causada por el virus Orthopoxvirus. Su forma de transmisión es mediante fluidos: “Tomar del mismo vaso que el paciente infectado, por contacto con fluidos de la persona infectada, por gotículas que expulsamos o por lesiones de enfermos”.

“El periodo de incubación es de cinco días y comienzan a aparecer síntomas como fiebre, cefalea, inflamación en ganglios y malestar general; a los 10 días aparecen lesiones en la piel, ronchitas o ampollas; en este momento está latente la transmisión. Cuando las lesiones comienzan a cicatrizar, se entra en una fase de remisión y los pacientes ya no son contagiosos. Esta enfermedad, a diferencia del sarampión, la varicela o rubéola, se caracteriza por lesiones en las palmas y en las plantas de los pies”, detalló.

Sobre si preocupa que suceda otra pandemia, dijo que no se ha encontrado una variación de este virus que inquiete: “La viruela del mono está bien establecida, hay tratamiento, incluso para pacientes graves”, afirmó. No obstante, continuó, “las lecciones aprendidas tras dos pandemias es que los virus mutan y eso es un problema, por lo cual importa su contención y que las personas confirmen estos casos para generar cercos epidemiológicos”.

Ejemplo de lo anterior fue el brote ocurrido en 2014 en Texas, donde la importación de unos macacos generó infección. Estados Unidos hizo su cerco epidemiológico, vacunó y controló: “Esto busca aislar al paciente y buscar a sus contactos; la gran ventaja de esta enfermedad es que menos del uno por ciento de los pacientes que la padecen pueden generar complicaciones que pongan en riesgo la vida; claro que hay que tener atenuantes con pacientes inmunocomprometidos (VIH), oncológicos, inmunosuprimidos y con diabetes”.

El investigador enfatizó la importancia de las vacunas, ya que gracias a éstas se han erradicado enfermedades. En los 70, una vez erradicada, la vacuna de la viruela se retiró de los esquemas de vacunación: “Esto quiere decir que nuestros padres y abuelos, en caso de que nos llegara una epidemia por la viruela del mono o viruela como tal, tienen inmunidad adquirida, pero nosotros, que no estamos vacunados, sí nos aparecería con el cuadro clínico frecuente”, comentó.

Respecto a si existen vacunas para la viruela dijo que sí, pero que actualmente no se producen porque se erradicó: “No es que no la quieran hacer, pero como no hay casos, no se tiene que producir”. Agregó que es importante revisar el esquema de vacunación, ya que sólo se tiene inmunidad para Sarampión, Rubéola, Parotiditis y Varicela: “La viruela no está en este esquema, de ahí que tanto los médicos como la OMS promuevan la aplicación de las vacunas, principalmente de la varicela”.

Ante el panorama actual en el que confluyen enfermedades con síntomas similares, invitó a estar al pendiente de sintomatologías como cefalea, fiebre y malestar general, ya que no sólo se puede pensar que es viruela del mono, sino también COVID-19 o Dengue. Se debe prestar atención a un cuarto elemento: el sarpullido: “Si éste aparece pensaríamos que es dengue, pero si las pequitas cambian a unas ampollas o vesículas, podría ser una enfermedad exantemática (de erupciones en la piel) y uno de los diagnósticos podría ser viruela. También habría que pensar en otro tipo de enfermedades causada por el virus Coxsackie, también conocida como enfermedad de boca, mano y pie, que también se manifiesta con sarpullido”.

Para el investigador universitario, también es importante conocer el lugar de destino al que se haya viajado, para saber si se han reportado brotes de alguna de estas enfermedades y, en caso de ser así, informar a las autoridades sanitarias para que hagan la búsqueda del resto de las personas que también pudieron infectarse.

Lo más importante y una de las lecciones aprendidas de las pandemias, finalizó, son las medidas básicas: “Decimos que ya disminuyó el COVID y lo primero que hacemos es dejar de usar mascarilla; no lo dejemos de usar en lugares cerrados, en abiertos sí; hay que continuar con el lavado de manos frecuente y uso del alcohol en gel en cualquier momento”