*Los trabajos, presentados en el Encuentro por los Derechos Digitales, abordaron la exposición a contenidos violentos entre universitarios y una experiencia de intervención con adolescentes sobre seguridad, privacidad y violencia digital.

Estudiantes de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima presentaron resultados de investigación y experiencias de intervención sobre la relación de jóvenes y adolescentes con los entornos digitales, durante el Encuentro por los Derechos Digitales: habitar y resistir desde Colima, realizado esta semana por la Facultad de Trabajo Social y la asociación civil Cultivando Género.
Los trabajos abordaron, desde perspectivas distintas, la exposición a contenidos violentos entre jóvenes universitarios y el conocimiento que adolescentes tienen sobre derechos, seguridad, privacidad y formas de violencia en los espacios digitales.
Uno de los proyectos presentados fue “Desensibilización y consumo de contenidos violentos: un análisis mixto sobre la normalización del material ‘gore’ en ecosistemas digitales entre jóvenes universitarios de Colima”, desarrollado por los estudiantes Osvaldo Magaña y Michelle Fletes.
El estudio analizó la exposición a este tipo de contenidos y algunas percepciones asociadas entre estudiantes universitarios de entre 18 y 22 años. Se trató de una investigación descriptiva, transversal y no experimental, para la cual se aplicó una encuesta a 40 estudiantes de distintas carreras.
De acuerdo con los resultados obtenidos en esa muestra, 80 por ciento de las personas participantes (32 de las 40 encuestadas) señaló haber estado expuesta a contenidos violentos. Asimismo, un 70 por ciento, equivalente a 28 estudiantes, identificó a WhatsApp como un medio por el que circulaba este tipo de material.
En cuanto a las respuestas frente a esos contenidos, 57.5 por ciento de la muestra, es decir, 23 participantes, manifestó sentir incomodidad al observarlos, mientras que 62.5 por ciento, 25 personas, consideró que la exposición a este tipo de material puede contribuir a una desensibilización frente a la violencia.
Durante la presentación, los estudiantes señalaron que una característica de la experiencia cotidiana en redes sociales es la rapidez con la que las personas pueden pasar de un contenido a otro. En pocos segundos, una misma persona puede encontrarse con publicaciones humorísticas, información noticiosa o imágenes violentas, dentro de una secuencia de consumo que no necesariamente propicia una reflexión detenida sobre cada contenido.
Entre las reacciones mencionadas con mayor frecuencia por las personas encuestadas estuvieron sorpresa, ansiedad y desagrado. Estos datos describen las emociones que las y los participantes dijeron experimentar ante ese tipo de material, pero, por las características del estudio, no permiten establecer una relación causal entre la exposición y determinadas respuestas emocionales.
Los resultados también mostraron que, aunque las y los participantes señalaron que generalmente no compartían este tipo de materiales, sí reportaron recibirlos con frecuencia. Para quienes realizaron la investigación, este hallazgo plantea preguntas sobre la presencia cotidiana de contenidos violentos en determinados espacios digitales y sobre la forma en que las personas se relacionan con ellos.
Los autores señalaron que la frecuencia de exposición, junto con las dinámicas de consumo rápido de contenidos, constituye un fenómeno que requiere mayor investigación para conocer de qué manera puede relacionarse con la percepción de la violencia. No obstante, enfatizaron que su estudio no permite determinar causas ni establecer que la exposición produzca por sí misma procesos de desensibilización.
Entre las principales limitaciones reconocieron el tamaño de la muestra, integrada por 40 estudiantes, por lo que los resultados corresponden únicamente al grupo estudiado y no pueden generalizarse a la población universitaria de Colima.
También señalaron que, por tratarse de un estudio descriptivo y transversal, la investigación permite observar determinadas características y percepciones en un momento específico, pero no establecer relaciones de causa y efecto ni explicar por sí sola las razones por las que las personas consumen, reciben o comparten estos contenidos.
A partir de los hallazgos, los estudiantes plantearon la conveniencia de continuar estudiando fenómenos como la exposición frecuente a representaciones de violencia, las respuestas de las personas ante ellas y sus implicaciones éticas y sociales, así como desarrollar acciones educativas que favorezcan una relación más reflexiva con los contenidos digitales.
Derechos digitales entre adolescentes
Durante el mismo encuentro, la estudiante Dulce Iraní López presentó la experiencia de una intervención realizada con adolescentes de la Secundaria Griselda Álvarez, en Villa de Álvarez, donde desarrollaron talleres relacionados con derechos digitales, seguridad, privacidad y distintas manifestaciones de violencia en entornos virtuales.
A partir de un diagnóstico previo con estudiantes de entre 11 y 15 años, el trabajo identificó dudas y conocimientos parciales sobre los derechos digitales, así como confusión entre conceptos como seguridad y privacidad.
También se observó que algunas y algunos participantes reconocían principalmente términos como bullying y ciberbullying, pero tenían menos elementos para identificar otras situaciones que pueden constituir formas de violencia digital.
Para abordar estos temas diseñaron actividades acordes con la edad de las y los participantes, mediante dinámicas lúdicas, análisis de casos y espacios de diálogo. La intervención incluyó una actividad inicial de integración, una conversación sobre derechos digitales y formas de violencia en internet, así como información relacionada con seguridad, privacidad y prevención.
Como actividad de cierre, propusieron a las y los estudiantes crear un “superhéroe digital” que enfrentara situaciones de violencia sin recurrir a nuevas formas de agresión. A través de sus respuestas y de la discusión generada durante el ejercicio, fue posible observar que identificaban algunos riesgos asociados con el uso de internet y reconocían que las publicaciones y otras actividades en línea contribuyen a conformar una huella digital.
Durante las actividades posteriores al taller, las y los participantes pudieron nombrar distintas situaciones de violencia digital y dialogaron sobre prácticas de seguridad en las plataformas, así como sobre la importancia de recurrir a familiares, amistades, docentes u otras personas de confianza cuando enfrentan una situación que les genera riesgo o malestar.
La experiencia mostró además la importancia de adaptar la comunicación sobre derechos digitales a las edades, experiencias y formas de interacción de las y los adolescentes, en lugar de limitarla a exposiciones informativas.
Como parte de las conclusiones, se planteó que la protección de los derechos digitales de niñas, niños y adolescentes no depende únicamente de restringir el acceso a dispositivos o plataformas, sino también de ofrecer conocimientos, acompañamiento y herramientas que les permitan reconocer riesgos, ejercer sus derechos y tomar decisiones informadas en los espacios digitales.