*La investigadora de la UdeC coordinó seis jornadas de talleres para 55 estudiantes de la primaria rural “Año de Juárez”, con la participación voluntaria de un equipo universitario.

A los ocho años, Sara Guillermina Centeno Leija le preguntó a una astrofísica qué había detonado el Big Bang. Estaba en una feria interactiva de la UNAM y recuerda tanto su curiosidad por la explicación como la respuesta que recibió: “Ella me miró con unos ojos tan tiernos, me cogió la cabeza y me dijo: ‘Tú vas a ser científica’”.

Hoy, como investigadora de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (FIME) de la Universidad de Colima, busca que niñas y niños de una escuela rural tengan también un encuentro con la ciencia que recuerden al crecer y despierte su interés por seguir explorando.

Con ese propósito en mente coordinó el primer ciclo de talleres STEM “Vocaciones Primarias”, realizado del 21 de septiembre al 26 de octubre en la primaria “Año de Juárez”, en La Nogalera. Durante seis jornadas, una por semana, 55 estudiantes de primero a sexto grado participaron en actividades de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

“Por supuesto que esas palabras tuvieron eco en mí a futuro, nunca se me olvidaron. En realidad, la semilla se siembra desde la primaria”, contó en entrevista al recordar a la astrofísica de la UNAM. Para Centeno Leija, conocer a temprana edad una persona dedicada a la investigación puede abrir posibilidades que una niña o un niño todavía no han considerado.

Por eso -agregó- quería organizar un proyecto que fuera más allá de una charla de divulgación, que ofreciera actividades prácticas, y que durante varias semanas le mostrara al alumnado distintas áreas del conocimiento.

Eligió una comunidad rural porque, desde su experiencia, las oportunidades de asistir a talleres, ferias y otras actividades científicas son menores que en las zonas urbanas. La propuesta encontró respuesta entre sus colegas y, después, en la dirección de la primaria, que aceptó colaborar. “Así nació el ciclo de talleres STEM, por la suma de voluntades”, señaló.

El equipo reunió a 50 talleristas, entre personal de investigación y estudiantes de las facultades de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, Ciencias y Ciencias Químicas. Participaron de manera voluntaria y aportaron recursos propios para preparar experimentos adecuados a las edades del alumnado y relacionados con su entorno cotidiano.

La respuesta de las niñas y los niños fue una de las experiencias que más sorprendieron a Sara Centeno. Según compartió en la entrevista, esperaban las actividades y además se mostraban dispuestos a participar. Entonces, cuando les preguntaron quiénes querían seguir estudiando, todos y todas levantaron la mano.

En sus conversaciones -dijo- comenzaron a aparecer intereses más concretos. Centeno Leija recordó expresiones como “yo quiero estudiar las estrellas”, “yo quiero hacer robots” y “yo quiero estudiar cromatografía”. Para ella, escuchar esas respuestas fue una señal del entusiasmo que despertaron los talleres y de las preguntas que podían seguir explorando.

La investigadora reconoce, sin embargo, que el interés por aprender necesita condiciones para sostenerse. Señaló que las dificultades económicas, la falta de transporte y de acompañamiento pueden interrumpir la formación de estudiantes de comunidades rurales, aun cuando tengan deseos de continuar.

De ahí su interés en dar continuidad al proyecto y sumar apoyos. Según explicó, autoridades educativas manifestaron su disposición a respaldar la iniciativa y su interés en llevarla a las comunidades de La Caja y La Becerrera. La ampliación forma parte de los siguientes pasos que busca concretar.

Su aspiración es realizar el ciclo cada año y extenderlo a otras escuelas de Colima, para compartir la experiencia de escucha y aliento que recibió durante su infancia. Ahora espera contribuir a que otras niñas y niños encuentren motivos para acercarse a la ciencia: “Que se replique esta forma de cuidar a las vocaciones científicas primarias. Eso es lo que anhelo”.

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