*“Quizá la tarea más urgente de la educación contemporánea sea precisamente ésa: formar personas capaces de pensar críticamente, de sentir con profundidad y cuidar colectivamente los territorios y las relaciones que sostienen la vida”: Mireya Abarca.

“En la actualidad, sabemos cada vez más sobre el planeta y contamos con información científica sobre el clima, los ecosistemas y la biodiversidad, pero al mismo tiempo muchas personas viven cada día más desconectadas de la experiencia directa con la naturaleza, del cuerpo y de los vínculos comunitarios”.

Esto lo dijo la profesora investigadora de la Facultad de Ciencias de la Educación, Mireya Sarahí Abarca Cedeño, durante el panel de intercambio académico denominado Pedagogía crítica de la educación ambiental, que reunió a un buen número de educadores, entre ellos los reconocidos: Armando Meixueiro Hernández, del Instituto Politécnico Nacional y Javier Reyes Ruiz, de la Universidad de Guadalajara, con quienes la profesora Abarca Cedeño compartió el panel. Se realizó en el auditorio de la Facultad de Ciencias de la Educación, en el campus central.

Abarca Cedeño relató una anécdota reciente, en la que preguntó a algunos de sus estudiantes universitarios cuándo fue la última vez que caminaron en silencio por un espacio natural, sin teléfono, sin música, sin distracciones, solo observando lo que había a su alrededor. En las respuestas inmediatas de sus alumnos hubo algunas risas, algunos silencios y varios dijeron que hacía meses; otros, que no recordaban.

La investigadora universitaria participó en el primer panel del IX Coloquio Nacional de Estudiantes y Egresados de Programas Académicos de Educación Ambiental Colima 2026, “Interdisciplina, docencia y educación ambiental: diálogos obstáculos, avances y logros”, realizado hace unos días en el Centro Universitario de Gestión Ambiental (CEUGEA) de la Universidad de Colima, ubicado en Nogueras, Comala.

Abarca Cedeño reconoció que “muchos jóvenes están emigrando a la virtualidad y tenemos un alto riesgo de romper o dejar el vínculo con lo natural, la naturaleza y todo eso que nos mantiene vivos. En este panorama, la desesperanza y el desaliento son inevitables; yo los he sentido, por supuesto, y más de una vez he sentido que me derrumban”.

Este desaliento -agregó- “me mantiene en la búsqueda de una propuesta, porque lo peor que podemos hacer es no hacer nada, y por ello tal vez uno de los grandes desafíos de la educación en nuestro tiempo sea el de reconstruir vínculos con lo que sostienen la vida, recobrar vínculos con la naturaleza, vínculos entre las personas, con nuestras propias experiencias internas, y vínculos para la alegría”.

Comentó que “es la pedagogía crítica la que nos recuerda que educar es un acto profundamente revolucionario, y la psicología nos dice que toda transformación comienza cuando las personas pueden reconectar consigo mismas, con nosotros y con el mundo que habita”.

Por último, Abarca Cedeño dijo que “quizá la tarea más urgente de la educación contemporánea sea precisamente ésa: formar personas capaces de pensar críticamente, de sentir con profundidad y cuidar colectivamente los territorios y las relaciones que sostienen la vida”.

Para el educador ambientalista y profesor del IPN, Armando Meixueiro, existen al menos cuatro elementos que conviene aplicar en la pedagogía crítica: El primero es el empleo de conceptos y lenguaje crítico, “que no se encuentra en los diccionarios, sino en la vitalidad de los movimientos sociales. Estos movimientos, en función de sus demandas, acoplan sus expresiones a procesos educativos concretos”.

El segundo elemento “es una estirpe de intelectuales sensibles que tracen un puente entre la pedagogía, la filosofía y el arte”. En tercer lugar “está la realidad socioambiental y la realidad del aula, del espacio formativo, con sus métodos, dinámicas y contenidos”. Dos dimensiones que calificó el experto de “insuperables”.

Como el cuarto y último elemento incluyó a “la necesidad de integrar la razón lógica con las dimensiones espiritual y ética”. Éstas, dijo, “representan la búsqueda de una armonía interminablemente diferida, pero que son parte sustantiva del bastón que nos sostiene. Sin la espiritualidad y la ética, la pedagogía crítica se convierte únicamente en la férrea piedra de narración”.

Aquí recurrió a palabras del poeta Pablo Neruda, quien dijo que “la originalidad no es el camino”. La originalidad -añadió- “no es la preocupación central, sino encontrar una voz propia que se construye a partir de muchas influencias, muchos aportes, y lograr una función propia que trace senderos al futuro. Qué cerca queda el mundo que vivimos y qué lejos el mundo que deseamos; entre uno y otro está el abierto territorio de la pedagogía crítica, la cual es un posible camino para amalgamar, conocimiento y valentía, y conocimiento como motores de toda metamorfosis.

En su participación, el investigador e historiador Javier Reyes Ruiz ofreció un detallado recorrido histórico sobre el origen de la pedagogía crítica y abordó la educación ambiental a través de los trabajos y preceptos de Federico Nietzsche, Pierre Bourdieu, Ana Arendt, Luis Villoro y Enrique Dussel. También presentó tres grandes pensamientos con los aportes de Immanuel Kant, Antonio Gramsci y la Escuela de Frankfurt, con respecto a la llamada modernidad, para partir de allí en su recuento histórico.

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