En la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) siempre hemos sido impulsores de un verdadero diálogo democrático, en el que todos los interlocutores escuchen argumentos y estén abiertos a lograr acuerdos en la discusión de los temas que más interesan a los ciudadanos.

Sin embargo, consideramos que el formato propuesto para la realización del Parlamento Abierto de la reforma electoral no garantiza un verdadero diálogo democrático, ni la participación de todas las voces de la sociedad ni la academia.

No debe repetirse la lamentable experiencia del Parlamento Abierto de la Reforma Eléctrica, que terminó ignorando la voz de la sociedad y de expertos, más de 150 horas de ideas y propuestas quedaron en el olvido. Ejercicios como los parlamentos abiertos funcionan sólo cuando hay una verdadera intención de escuchar y consensuar. Su naturaleza debe ser inclusiva.

Por ello, desde nuestra Confederación hacemos un llamado a la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, para que la organización y desarrollo de este Parlamento Abierto no se convierta en un diálogo de sordos, ni en un ejercicio para imponer una visión preconcebida y autoritaria, sino que exista un verdadero diálogo.

También queremos dejar en claro que para Coparmex cualquier modificación constitucional a las facultades y autonomía del INE y los demás órganos electorales, resulta tan inoportuna como innecesaria en este momento. Son los mismos ciudadanos los organizadores de los procesos electorales, que han sido libres, imparciales, equitativos y confiables, tanto a nivel nacional como local, y que han logrado excelentes resultados. EL INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) han dado confiabilidad y certeza a las elecciones; inclusive, algunos partidos políticos han solicitado su apoyo para organizar sus procesos internos para la designación de sus dirigentes nacionales.

Por lo tanto, consideramos que no es el momento, ni existen los consensos políticos; menos tratándose de una reforma electoral que destruya lo logrado y que funciona. En cambio, es momento de fortalecer al árbitro electoral, que ha dado muy buenos resultados en cada elección, y la mejor manera de hacerlo es cumpliendo la ley para que haya equidad y piso parejo para todos los aspirantes a un cargo de elección popular, en los tiempos marcados por la legislación.

El sistema democrático que hemos construido y consolidado en México a través de muchos años de lucha, con la invaluable participación de la sociedad, no puede ponerse en riesgo con cambios a las leyes que vayan en contra de los derechos político-electorales de la ciudadanía. No pongamos en riesgo nuestra democracia y nuestros derechos.

Cambios de gran calado, como lo son las reformas constitucionales en materia electoral, exigen el mayor consenso posible de todas las fuerzas políticas del país y, por supuesto, de la sociedad; pues definen las reglas de la contienda democrática. Resulta inoportuno que hacía.