Este paisaje es uno de los más espectaculares que he visto en Colima. Se encuentra en el municipio de Manzanillo. Un auténtico tesoro, cuya importancia radica en el peso de su historia y la abundancia natural que lo rodea. Su particularidad es que aquí, podemos apreciar un petroglifo y el mar al mismo tiempo.

En cuanto lo vi por primera vez, sentí mucho respeto, supe que estaba frente a un lugar muy especial para mis antepasados prehispánicos, quizá se trataba de un marcador astronómico, un centro ceremonial o un observatorio marítimo vislumbré, por lo que consideré importante documentar gráficamente el sitio, sin alterar su contexto, para realizar un reporte ciudadano (entregado el 27-06-22) al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y desarrollar una investigación periodística.

Llegar a esta área inhóspita es complicado; no hay vereda para llegar y el trayecto suele ser un poco accidentado debido a que el terreno es escarpado y arenoso. Otro factor a considerar es que la vegetación es frondosa y húmeda, por lo que sueles encontrarte una amplia variedad de animales y peligros, lo que ha propiciado la conservación de la zona y el petrograbado.

Este lugar sagrado, a orillas del Océano Pacífico, ligado a playas, esteros y manglares nos recuerda la temprana dinámica portuaria del litoral en tierras del Rey Coliman. Por aquellos tiempos, es posible que existieran espacios como éstos, para observar embarcaciones procedentes de distintos puntos de Centro y Sudamérica, algunas de Costa Rica, Colombia y Ecuador, incluso navíos Incas. Eran tiempos de mucho intercambio comercial y cultural en nuestra demarcación. Se especula que realizaban navegación de cabotaje.

Las primeras observaciones han arrojado datos interesantes. Este monumento lítico, que supone un grupo importante de la costa de Colima, podría tratarse de un grabado relacionado a las últimas fases de ocupación prehispánica en Colima, Armería (750-1100 d.C.) y Chanal (1100-1500 d.C.), es decir, del Posclásico colimense, aunque se debe realizar un análisis detallado para confirmar su datación.

En cuanto a la piedra, estaríamos hablando de una de tipo metamórfica. Sus dimensiones son 150 cm alto del panel, 160 cm alto máximo y 170 cm de ancho. Se teoriza que pudieron realizar el glifo a través de la técnica del tallado, y el proceso pudo haber tardado años. Su diseño incluye espirales, líneas y pozas, entre otros símbolos, los cuales podrían estar hablándonos sobre cuerpos de agua, representaciones del sol, las olas y el viento.

Sin duda alguna, un importante punto de referencia. Habría que esperar trabajos científicos para develar los secretos que nos heredaron nuestros antiguos habitantes costeros. Este sería otro ejemplo más, de nuestras riquezas culturales en este bello rincón del Occidente Mesoamericano.

Participamos en las visitas de reconocimiento, la arqueóloga Ligia Sánchez, la artista visual Mónica Figueroa, la Dirección de Turismo del H. Ayuntamiento de Manzanillo, presidida por la bióloga Daniela Muñiz, el gestor turístico Paul Olvera y su servidor, Rafael Cruz, fotoperiodista.

Cuidemos y admiremos nuestro patrimonio cultural.