La tarde del pasado viernes 1 de julio, nos llevamos una gran sorpresa al encontrar un arrecife al norte de Comala.

Se trata de un fósil de rudistas, del orden de los bivalvos, que fueron seres vivos clasificados biológicamente como moluscos. Vivían desde los límites superiores del mar hasta las zonas abisales.

Aparecen en el Jurásico y se consumaron junto con los dinosaurios en el evento de extinción masiva del Cretácico. Este periodo pertenece a la escala geológica de la Era Mesozoica, que comenzó hace 145 millones de años y terminó hace 66 millones de años.

Este tipo de arrecifes coralinos tienen un importante interés histórico, pero también económico, debido a que suelen ser consideradas como posibles trampas de petróleo.

Hace millones de años el mar cubría lo que hoy conocemos como el estado de Colima, razón por la cual se suelen encontrar fósiles de animales marinos y conchas en rocas sedimentarias en distintos municipios de Colima, pero un arrecife en Comala parece bastante atípico debido a que sólo se conocían registros en Armería.

Este fósil se encuentra a nivel de piso, se encontró a simple vista en una caminata por el lugar acompañado por el fotoperiodista Jonathan Villa. Algunas piezas se les ve sueltas y otras aun adheridas a la parte alta del terreno. Se encuentran en un área de cultivo de maíz, donde posiblemente las herramientas de trabajo han desprendido parte del coral.

En primera estancia, el hallazgo fue notificado al Dr. Ricardo Barragán, director del Instituto de Geología de la UNAM, quien nos orientó de manera atenta y detallada sobre su importancia y registro.

El profesor e historiador, Doctorado Honoris Causa, Abelardo Ahumada, nos compartió datos importantes: Eduardo Harkort, un ingeniero militar de origen austriaco y que vivió una temporada en Colima durante la cuarta década del siglo XIX, hizo descubrimientos similares y manejó la hipótesis de que antes de que estallara y se derrumbara el protovolcán Colima (miles de años anterior al actual), en lo que hoy el Valle de Colima existió una gigantesca laguna, interconectada con las de Zapotlán, Sayula y Chapala, cuya existencia explicaría, en su caso este tipo de hallazgos.

Este hallazgo complementa los reportes que ya se conocen sobre fósiles marinos en nuestro estado. Es un importante apoyo en el estudio de la evolución biológica y prueba de la biodiversidad cambiante de nuestro planeta.

Texto y fotos: Rafael Cruz